Temores al rechazo o al fracazo

miedo-al-rechazoCuando queremos conocer a alguien o si ya lo hemos hecho y estamos decididos a comenzar una nueva relación, en ocasiones suelen aparecer los fantasmas de los temores.

En ambos casos considero que estos conceptos actúan como inhibidores mentales que limitan nuestro ser interno, al poner de manifiesto nuestros defectos más que nuestras virtudes que, por momentos, hasta nos paralizan.

El rechazo es una sensación que cala hondo en algunas personas; porque cuando uno intenta nuevas relaciones, suele aparecer esta sensación de no ser aceptado por el otro, que a veces hasta nos inmovilizan. En estas circunstancias surgen otras sensaciones internas que seguro nos acompañan desde hace mucho tiempo, como inseguridad, falta de confianza en uno mismo, baja autoestima; o a veces otras más simples, como no saber cómo llegar a la otra persona, timidez, cortedad o manifestamos algo de ansiedad o poco tacto al momento de relacionarnos.

Algunas personas, por los sucesivos desgastes que les provocaron los rechazos anteriores, suelen tomar una ubicación de mayor cautela y se preservan, así, solo intentan acercarse al otro cuando tienen casi la absoluta certeza de que serán aceptadas.

Otras toman una posición distinta, porque saben que el rechazo es parte del juego de intentar una nueva relación, donde consideran que uno no le puede caer bien a todo el mundo, así como entienden que no van a ser rechazados por todos; es decir, lo toman como algo natural sin darle mayor importancia de la que tiene este tema.

A su vez el temor al fracaso es una sensación que repercute con mayor peso en nosotros y en la relación de pareja cuando, suelen aparecer los primeros posibles temores a fracasar o reaparecen viejas sombras del pasado. Porque este temor nos impide mostrarnos en todo nuestro esplendor, pone dudas, trabas, pretensiones, manipulaciones, celos, obsesiones, posesiones y tantas otras conductas que no forman parte del amor.

Como ya mencioné y de acuerdo a lo desarrollado hasta aquí estos temores son inhibidores mentales, porque no están ligados a aspectos de nuestra sensibilidad, sino que se originan y residen en la mente.

El fracaso es sinónimo de no poder vivir lo que nos propusimos y quisimos en función de nuestra cualidad de sentimiento. Pero si hay fracaso en una pareja es porque ambos no pusieron en juego todo lo necesario o, quizá sí, pero aun así no resultó lo que esperaban.

Si analizamos con objetividad el fracaso y nos abstraemos de la otra persona, nos podemos preguntar: ¿la cualidad de sentimiento que tenemos para compartir se siente bien en nosotros?, ¿la calidad de comunicación, vínculo y relación estaba de acuerdo con ese sentimiento?, ¿brindamos lo mejor de nosotros?, ¿promovimos lo mejor en el otro?, ¿honramos ese sentimiento haciéndolo cada vez más elevado y profundo? Si las respuestas a estos interrogantes son afirmativas, entonces sigamos felices por la vida, ella será la encargada de que encontremos a alguien que valore y potencie aun más nuestro sentimiento de amor.

Un fracaso amoroso representa un principio de éxito en una futura relación.

Vayamos, entonces, al encuentro de ese éxito, que no se traduce en nuestra próxima conquista, sino en encontrar una persona con la cual disfrutar, compartir y hacer más grande nuestro sentimiento de amor.

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