La conceptualización social de la soltería en los últimos cien años

El hombre es un ser social, y desde los orígenes de la civilización se relacionó con otros de su misma especie creando grandes grupos sociales, desarrollando su cultura, evolucionando. Y así, a medida que el ser humano avanzó, también lo hicieron sus concepciones sobre la vida, el deber ser y su posición en la sociedad.

Uno de los aspectos más primitivos del hombre es la reproducción y supervivencia de la especie. Cada hombre y cada mujer nace y desarrolla su organismo a través de los años, y en su momento de madurez se ocupan de tener hijos, el legado que dejarán para el avance de la sociedad y su duración en el mundo.

Bueno, esto es en un sentido puramente biológico e instintivo, pero no estamos hablando de una especie carente de razonamiento, hablamos del ser humano, y por tanto, sus acciones están rodeadas de normas sociales, contextos religiosos e idiosincrasia. El hombre está inmerso en un mundo de conceptualizaciones y acuerdos sociales sobre los que moldea su forma de actuar y desarrolla su visión ante la vida. Y esto incluye a la noción de soltería, un concepto que conlleva una connotación negativa y que ha ido mutando conjunto a los cambios sociales.

Momento. ¿Mutando? Posiblemente en pequeños aspectos, pero en su expresión más amplia sigue siendo vista de manera negativa, sobre todo sobre el sexo femenino. Veamos por qué.

Durante la primera mitad del siglo XX, la conformación de una familia era una señal de que la vida de una persona iba encaminada, y la soltería conformaba tan sólo un estado temporal entre terminar la escuela y casarse. Los hombres deberían trabajar para mantener a su familia, y las mujeres quedarse en casa cuidando de los niños; pocas eran las mujeres casadas que tenían un trabajo, tendencia que fue en aumento llegando a los años 50s y que fue ganando cada vez más terreno a lo que conocemos hoy. El matrimonio era el deber ser, sin él no se era nada, volviendo la soltería un estigma social, con gran peso sobre las mujeres.

Sin embargo, ser soltero no era lo mismo para un hombre que para una mujer. Aunque resultaba importante estar casado y con una familia, la soltería en el hombre no era mal vista.(cc)Nicola Albertini/Flckr

Sin embargo, ser soltero no era lo mismo para un hombre que para una mujer. Aunque resultaba importante estar casado y con una familia, la soltería en el hombre no era mal vista.

Sin embargo, ser soltero no era lo mismo para un hombre que para una mujer. Aunque resultaba importante estar casado y con una familia, la soltería en el hombre no era mal vista. Posiblemente, su situación se debía a que estaba enfocado en su trabajo o que simplemente no había encontrado a la mujer ideal. Pero en el inconsciente colectivo, no importaba cuál fuera su edad, pues siempre iba a tener la oportunidad de conocer a alguien.

Por el contrario, las visiones sobre la mujer soltera eran absolutamente opuestas. Si una mujer cerca de sus treinta años no estaba casada, era porque algo malo había con ella, no tenía sus dotes culinarios desarrollados o simplemente no era apta para el matrimonio. Después de los treinta, las posibilidades se reducían a cero y terminaban por vivir solas, bajo el escrutinio social que ésto implica: “Qué lástima, no pudo conseguir marido”, “¡Qué pensará su familia!”, entre otros.

No pasó mucho tiempo hasta que un nuevo concepto se abría camino para romper con el orden social hegemónico conformado por el matrimonio: el amor libre. Si bien esta expresión conformaba una idea radical de rechazo al casamiento ya en la época victoriana, en los años 50s cobró más fuerza acompañada del pedido de un cambio social antiautoritario y anti-represivo, influenciando grandes movimientos sociales como el hippismo.

En este momento, el sexo ya no era con el objetivo de reproducción sino con el objetivo de obtener placer, dejando de lado la idea de la necesidad de estar casado o en una relación romántica para tener sexo. Años más tarde, con la preocupación que despertó el SIDA, el concepto de amor y sexo libre perdió algo de fuerza, reforzando otros conceptos por los que también se luchaba: legalización del aborto, libertad en la elección del amor, derechos de las mujeres, y más.

No pasó mucho tiempo hasta que un nuevo concepto se abría camino para romper con el orden social hegemónico conformado por el matrimonio: el amor libre.(cc)Daniel Condurachi/Flckr

No pasó mucho tiempo hasta que un nuevo concepto se abría camino para romper con el orden social hegemónico conformado por el matrimonio: el amor libre.

Pero la revolución del sexo y el amor libre no lograron cambiar las fuertes estructuras del orden social hegemónico. Se avanzó sobre los derechos de las mujeres y los homosexuales, ¿pero cuánto se cambió la visión y preconcepto sobre una persona soltera? No mucho.

La proliferación de los derechos de las mujeres y de su inserción en el mundo laboral y empresarial ha producido un retraso en las edades en que las personas se unían en matrimonio. Actualmente, tanto hombres como mujeres asisten a la universidad y comienzan una carrera profesional, poniendo una pausa en la conformación de una familia, en seguir con el orden social.

Muchos de estos estudiantes se conocerán en las aulas, crearán lazos sociales, se enamorarán y se casarán al graduarse. Pero muchos otros, priorizarán su profesión por sobre las estructuras sociales y estarán en situación de soltería.

Ahora bien, de nuevo los hombres solteros continúan en una posición de privilegio. Al igual que  principios de siglo, nadie cuestiona por qué está sin una pareja, y se lo toma tan sólo como una situación pasajera con posibilidades de mejorar. Y si no lo hiciera, tampoco sería mal visto, simplemente no encontró a la mujer indicada.

Con las mujeres, la soltería es diferente. Aún habiendo la sociedad evolucionado positivamente en muchos aspectos, como la aceptación en la diversidad de parejas (interraciales o entre personas del mismo sexo), todavía se cree que la mujer de más de treinta que está soltera tiene algo que está mal, sea su carácter, o su desempeño como mujer. Es muy común escuchar comentarios como: “Se le pasó el tren”, “A esta edad le será difícil conseguir a alguien”; sin mencionar la cantidad de preguntas del tinte “¿Por qué no tienes novio?” a las que deben enfrentarse en cada reunión social.

Parte de esta creencia está basada en una cuestión biológica: el sexo femenino tiene una cantidad limitada de óvulos para tener hijos. Es decir, el reloj biológico está corriendo y si no se tienen hijos rápidamente ya no habrá posibilidad de tenerlos.

estereotipos-de-soltería(cc) Simon/Flckr

Series televisivas como Sex & The City, Girls, o The Bachelorette replican modelos y estereotipos de la mujer soltera que no siempre se condicen con la realidad.

Otra parte, se la debemos a la cantidad inconmensurable de contenidos de la cultura pop, musical y televisiva que replican los modelos hegemónicos del deber ser. Series televisivas como Sex & The City, Girls, o The Bachelorette replican modelos y estereotipos de la mujer soltera que no siempre se condicen con la realidad. Ni todas las mujeres aman los zapatos, ni todas las mujeres se obsesionan con un hombre, y mucho menos todas las mujeres quieren al príncipe azul (o alguien con quien casarse) o tener hijos.

Es decir, el concepto de soltería es una construcción social que no ha cambiado mucho en el último siglo. Sí se han modificado las formas en que las personas se conocen, se comunican y desarrollan una relación, pero a fin de cuentas todavía existe cierto estigma y prejuicio frente a las mujeres que eligen ser solteras y optan por una vida sin matrimonio o hijos.

Aún nos falta mucho por madurar como sociedad para terminar de romper con el orden hegemónico, pero vamos camino a ello.

¿Qué piensas? ¿Cómo crees que se mira al hombre y a la mujer soltera? ¡Dejanos tu opinión en los comentarios!

 

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