Relaciones unilaterales y cómo sobrevivir a ellas

Las relaciones unilaterales figuran en el top 5 de relaciones tóxicas que debes evitar.

El caso es que, estás simulan ser relaciones perfectamente normales hasta que las cuentas salen a relucir.

Y lo peor, es que no aplica solo en el romance. Puedes verte atrapado en una relación unilateral con tu pareja, algún amigo o amiga, familiar y hasta compañero de estudios y no tener idea de ello.

Hoy hablaremos un poco de este tipo de toxicidad, cómo saber que tengo una relación de este tipo y cómo sobrevivir a ella, ya sea cortando el vínculo por el que nació o buscando rescatar esa unión sin mantener la balanza inclinada a un solo lado.

Relaciones unilaterales, donde caemos sin notarlo

Lo primero es aprender a reconocer si estás o no en una relación unilateralImagen de rawpixel en Pixabay.com

Cuando nos referimos a relaciones unilaterales hablamos de relaciones con una sola dirección, en el sentido de que el “interés” de la relación va de un lado a otro sin retorno.

Te explico: una relación interpersonal (de la índole que sea) está conformada por dos personas y la relación en sí, es decir, tres elementos.

Estos tres elementos podríamos verlos del mismo modo que los involucrados en la comunicación, habiendo un emisor, un receptor y un mensaje que en este caso sería el interés demostrado en la relación.

Las relaciones unilaterales o unidireccionales son aquellas en que el interés va de una persona a la otra sin recibir reciprocidad o retorno en algún punto.

En términos cotidianos: cuando una persona da mucho, pero recibe poco.

Este dar se refiere a mantener viva la relación, es decir, mantener vivo el interés que los une.

En caso de tratarse de una relación familiar, podemos utilizar el ejemplo del padre emocionalmente ausente y del chico que busca mil y una maneras de llamar su atención con detalles, dibujos o acciones que lo hagan sentir a gusto u orgulloso.

En este ejemplo, el chico sería el emisor que no recibe nada a cambio, el padre el receptor de todos sus afectos y atenciones y estas, el mensaje o relación sin retorno.

Un ejemplo para relaciones de pareja puede ser cuando la misma persona que escribe el mensaje de buenos días cada día es la misma que tiene la iniciativa para ver a la otra persona y quitar del camino cualquier obstáculo (incluso los colocados por la otra persona) para que la relación siga a flote.

Aquí, si la persona que da se coloca en pausa y deja su rol de emisor para ver que pasa luego, la relación simplemente termina.

Por eso digo que es una de las más tóxicas. Porque una cosa es una balanza medianamente desequilibrada pero darse cuenta de que, de no ser por tu entrega, dedicación y esfuerzo la relación no habría llegado a ningún lado, te hace sentir que has perdido el tiempo.

E incluso a llegar a odiar a la otra persona que en la mayoría de los casos ni siquiera se da cuenta de lo que pasa.

¿Cómo se llega a este tipo de relación?

Y seguro te preguntas como tu cuento de hadas acabó siendo una relación unilateralImagen de makunin en Pixabay.com

Los motivos son varios.

Primero puede que tu relación haya involucionado en esto con el paso del tiempo por cambios de intereses, exceso de monotonía o cambio (pérdida) de química.

Pasa que cuando notamos que algo no anda del todo bien, en lugar de sentarnos a hablar con nuestra pareja para ver qué es y si es solucionable, tenemos complejo de héroes o sentido de culpa, y tratamos de remediarlo sin saber si la otra persona quiere eso.

Y no es solo darle excesos en contra de su voluntad, sino la manera en que se hace.

Porque en ocasiones lo hacemos como medida de pánico por miedo a perder a la otra persona y dejar morir la relación. Y este desespero es como un repelente.

¿Conoces la frase “hay que tenerle miedo al miedo”?. Si temes demasiado que algo pasé, pasará. Y no lo digo yo, ¡lo dice la ciencia!

Esta medida desesperada o plan Z es lo que acaba por destruir las relaciones, y nuestro ego.

Porque cuando todo termina culpas a la otra persona por no haber recibido lo que entregaste (en contra de su voluntad o consentimiento) y acabas victimizándote por lo ocurrido.

Otra forma de acabar aquí es negándote a leer las señales que la otra persona te envía.

Siendo el amigo que siempre está y creyendo que convirtiéndote en su Elfo doméstico en algún momento se enamorará de ti solo estarás colocando una bomba de tiempo.

Esto pasa por confundir los tipos de intereses o por no ser lo suficientemente valiente como para preguntar las cosas directamente y andar por la vida suponiendo qué es lo que los otros quieren.

La única solución para las relaciones unilaterales

Al final del caso hay solo una solución con dos posibles resultadosImagen de quinntheislander en Pixabay.com

Hablar sin pena. Preguntar o decir las cosas sin miedo a que te juzguen y dejar claros los términos de la relación sin firmar por el otro.

Además, las relaciones como todo son cambiante, nada es permanente. Si las cosas no van bien y JUNTOS ven que no hay salida, no te lleves el trago amargo.

Quédate con la parte linda de la relación y seguro la siguiente será mejor.

Así de paso evitas ponerte a lloriquear cada vez que recuerdes lo que pasó.

Si es de tomar cartas en el asunto y reparar la relación, es algo que deben afrontar juntos como un equipo.

Haz retrospectiva y dinos ¿te haz visto envuelto en este tipo de relación? ¿cuál ha sido tu experiencia?

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